Aquí tenéis una compilación amena, ágil, simpática, de todas esas ilusiones ópticas que vamos encontrando por la Red.
Desde el clásico lazo de Moebius a efectos dinámicos que desafían la pupila de cualquier oculista, el vídeo nos de muestra que, curiosamente, ¡no sabemos ver! Miramos, eso sí, pero no vemos más que lo que queremos, o lo que quieren que veamos.
Internet es lo que tiene. Los grandes estudios ocultan los descartes del montaje de algunas películas durante décadas para luego presentarlas en ediciones en DVD carísimas, que los coleccionistas compran por 2 minutos de contenido, y viene youtube y se lo revienta.
Es lo que ha pasado con estas escenas perdidas de la filmografía de Billy Wilder, uno de los más importantes realizadores del Hollywood clásico.
Wilder, de origen austríaco, emigró a Estados Unidos huyendo de los nazis y primero se dedicó a escribir guiones para otros directores, como Lubitsch (Ninotchka) o Hawks (Bola de fuego). Se puso detrás de las cámaras con El mayor y la menor, con una inverosimil Ginger Rogers haciéndose pasar por una niña de 12 años, y desde entonces no paró. Firmó clásicos como Con Faldas y a lo loco, El Apartamento o En Bandeja de plata.
En este vídeo se pueden por fin contemplar rarezas como la fallida prueba de casting de Walter Matthau para La Tentación vive arriba, el descartado inicio en una morgue de El crepúsculo de los dioses o la ejecución del protagonista, también desechada, en Perdición.
¿A que has llegado a este post buscando novedades sobre el asunto Pajares? Si es que a todos nos puede nuestro lado morboso y nos sentimos fascinados por las desgracias ajenas.
Pero creo fervientemente que, para obtener una información completa y fiable, hay que acudir SIEMPRE a las fuentes oficiales. Por ello, desde este espacio, lo hemos hecho así y ahora poseemos unos escalofriantes documentos sobre el día a día de Andrés Pajares.
Este antaño gran artista, ahora artista a secas, intentó hace poco un retorno a la gloria pasada y se dio un sonoro batacazo. Ahora el pobre anda con ataques de ansiedad golpeando a indefensos abogados y destrozando habitaciones de hotel.
Pero hubo gente que no se olvidó de él en sus horas más bajas: sus amigos. Andrés Pajares sabe que siempre podrá apoyarse en su portero, Pepe Viyuela, Esther Arroyo o Chiquito de la Calzada.
Y digo yo… Con amigos como esos, ¿quién necesita enemigos?
La ley de Godwin, también conocida como Regla de analogías nazi de Godwin, es un enunciado relacionado con la interacción social que propuso Mike Godwin, abogado de la Electronic Frontier Foundation, en 1990.
Un fragmento de El triunfo de la voluntad, documental de Leni Riefenstahl
Dicha Ley enuncia lo siguiente:
“A medida que una discusión en Internet se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno.”
Existe una tradición bastante generalizada en muchos grupos de noticias de Usenet: tan pronto como se haga tal comparación el hilo se cierra y quien quiera que haya mencionado a los nazis pierde automáticamente la discusión.
De esta forma, la ley de Godwin prácticamente garantiza un límite en la longitud de las discusiones en Usenet y otros grupos.
Dicha ley no se cumple cuando los participantes de la conversación forman parte de algún grupo neonazi o el tema mismo de la conversación es político.
Básicamente, la función de la ley de Godwin es excluir argumentos incorrectos de una conversación.
Pues sí: se trata de una versión o similar (una parodia, casi) del Bruce Springsteen de los años ochenta, el de Born in the USA. Letras referidas al mejorado sistema operativo del señor Gates y una producción al borde de la televisión de tu barrio para un video realmente idiota y, por tanto, digno de salir en muchos blogs.
Shingo Katori. Quizá el nombre no te diga nada. Pero mira atentamente la pantalla y descubrirás que desearás saber algo más sobre él.
Shingo Katori es el intérprete de este éxito en la red, conocido como Shingo Mama no Oha-rock, y es toda una estrella en su país natal, Japón.
Shingo Katori se convirtió en Shingo Mama debido al programa de televisión Sata Suma, una especie de Sorpresa Sorpresa nipón en el que los espectadores veían cumplidos sus deseos. OH-HA! (un “buenos días” abreviado) era su grito de guerra.
Aparte de vestirse de mujer, otras peculiaridades de Shingo Katori es que mide 1´80, algo insólito en el país del sol naciente, que es capaz de beberse medio litro de batido en 9′5 segundos y que Japan Airlines ha fletado un Boeing 777 con su efigie.
A mí ahora me quedan algunas dudas: ¿por qué al ministro de educación japonés se le ocurrió promover esta canción como eje de una campaña de comunicación interfamiliar? ¿Por qué al final del vídeo sale James Brown? ¿Por qué nos fascina tanto lo friki y lo hortera? ¿Por qué ya no puedo sacarme el estribillo de la cabeza?
Otro de esos vídeos supinamente absurdos que se mueven por la red.
En este caso, encontrado en Metacafé, se trata de un montaje de imágenes (muchas de ellas irreales) que nos muestran las cosas más extrañas y provocadoras que podríamos encontrarnos al ponernos al volante.
En estos tiempos de ministras hipercriticadas, no viene mal darnos cuenta de que determinado humor ha estado siempre presente en la sociedad. Aunque el vídeo incluye un poco de todo, y algunas cosas muy creativas.
Me encanta la cara de Laura Dern. Parece decir, “Dios santo, David, ¿pero qué se te ha ocurrido ahora? ¿Por qué de repente me encuentro frente a un grupo de tias superbuenas que bailan Locomotion, un viejo éxito de la era de los guateques perpetrado por la pareja Carole King/Gerry Goffin?”.
Si es que a David Lynch cuando se le cruzan los cables se le cruzan pero bien. Si su penúltima película, Mulholland Drive, te pareció completamente incomprensible, ahora cambiarás de opinión: al lado de Inland Empire, la anterior entrega del cineasta norteamericano es tan simple como un capítulo de Aída.
En uno de los momentos de la cinta, su protagonista, la licenciada en desvaríos lynchianos Laura Dern contempla con el mismo espanto con el que hubiese contemplado un desmembramiento, como un grupo de chicas de buen ver (¿prostitutas de Los Angeles? ¿Inmigrantes polacas?) bailan el Locomotion perfectamente sincronizadas.
Lynch parece querer decirle a su estrella y al espectador: “relájate un instante, te dejo con unos minutos musicales, porque lo peor está aún por llegar”.
La siniestra versión de Alicia en el país de las maravillas que es Inland Empire no tiene argumento ni nada que se le parezca, pero si a algo se parece es a una pesadilla. Aunque hasta en las pesadillas puede haber momentos de distensión. Lo malo es que pueden ser los peores de todos.
Las vemos evolucionar, desde la silenciosa expresividad de las heroínas del cine mudo hasta los sofisticados rostros actuales. Hollywood siempre ha exigido un rasgo común a todas sus mujeres: la belleza.
Este vídeomontaje se ha realizado con la técnica del morphing, la misma que usaron los responsables del famoso videoclip de Michael Jackson, Black & White. Así se consigue una transición natural entre las dispares caras que se muestran.
Lo mejor de los listados son las pasiones que desatan: que si falta éste, que si el otro no se merece aparecer aquí. Pues con las actrices de Hollywood pasa lo mismo. Hay algunos que ni nos sonarán porque han caído en el olvido (a veces justo, a veces injusto), como Ruth Chatterton. Y en el caso de las intérpretes contemporáneas, el estrellato de algunas es más que discutible (¿he oído Sandra Bullock?).
En el peliagudo tema de las ausencias, tenemos cuerda para rato: ¿Dónde está Joan Fontaine? ¿Y Vanessa Redgrave? ¿Y Claudette Colbert? ¿Y Claudia Cardinale? ¿Y Doris Day? ¿Y Lee Remick? ¿Y Anne Bancroft? ¿Y Glenn Close? ¿Y Anette Benning? ¿Y…?
Así que desde aquí hacemos un llamamiento al autor: queremos una secuela.