Pero un espectador medio, en cuanto comprenda que la pelÃcula es una colección de desvarÃos de su autor, ni la terminará de ver. Y se perderá el desfile de moda eclesiástica, que tiene su gracia. Es una reflexión mordaz sobre la pompa y el boato de la institución católica. Y para más inri, perpetrada en su paÃs de origen. Fellini siempre permaneció fiel a sus obsesiones. A saber: la religión, las mujeres o el espectáculo. En Roma, un retrato irónico de la ciudad, vuelve a emplearlas.
El problema es que, si de primeras no te interesan estas obsesiones, todas sus pelÃculas (La Dolce vita, 8 y medio, Amarcord) te parecerán iguales y desistirás. Si no te atreves con la obra de este pope del cinematógrafo siempre puedes intentarlo con el que toque con el periódico la semana que viene.
Los pobres protagonistas de ‘In the mood for love’ son una pareja, sÃ, pero una pareja de aquella manera, por lo que, ya que ni siquiera les vemos tocarse, es posible que sean de esa gente que hace crecer el porcentaje de los infelices. Una lástima.
Desde que en Closer, la bella Natalie Portman se puso una peluca de color rosa para interpretar a una bailarina de strip-tease ha surgido una especie de moda, sobre todo entre los realizadores de videoclips, de sacar a chicas monas ataviadas de esta guisa.
Todo comenzó cuando en una toma de El enemigo de las rubias, film mudo de 1926, se requerÃa a más extras en una escena de los que se encontraban en el plató. Por ello, Hitchcock se incluyó entre ellos. Desde entonces, aquellas apariciones se convirtieron en su marca de fábrica. El realizador declaró que los cameos eran “una manera indirecta de cumplir con las obligaciones de mi oficio de hombre público”.
En sus pelÃculas más conocidas, las que realizó a finales de los años 50 y principios de los 60 (Psicosis, Con la muerte en los talones, Los pájaros), Hithcock siempre aparece al principio de la cinta, porque se dio cuenta de que muchos espectadores no estaban pendientes de la trama sino de su cameo. Por ello, lo resolvÃa nada más empezar la pelÃcula, para que el público estuviese completamente atento al argumento.
El vÃdeo más visto en la historia de Youtube es el titulado Evolution of Dance, en el que un humorista norteamericano llamdo Judson Laipply recorre la historia del baile en tono de parodia. Este video se ha visto la friolera de 77 millones de veces.
Creo que hay formas más fáciles de ligar, pero la del chico del vÃdeo tampoco me parece tan mala idea. Total, el único esfuerzo que hace es sacarse unas cuantas fotos.
Es bien sabido que quien más y quien menos quiere hacerse famoso. Para conseguirlo hay muchos caminos, desde vender tu intimidad a protagonizar una pelÃcula. Lo primero es desagradable. Lo segundo, poco probable. Por eso, Pepsi ha decidido dar una oportunidad a todo el mundo para que se haga famoso sin apenas esfuerzo con el concurso Da la cara.
Se trata de sacarse una foto lo más original y/o llamativa posible y colgarla en la web de Pepsi. AllÃ, los usuarios podrán votarte si piensan que eres merecedor de que tu cara se estampe en las latas del refresco.
Para promocionarte, puedes imprimir posters con tu foto desde la misma web y pegarlos por las calles, a modo de campaña polÃtica, para asà obtener más votos. Puedes enviar tus fotos hasta el 31 de julio. Si tu cara se encuentra entre las 45 más votadas, cumpliras tu sueño. Obtener la fama te habrá costado lo mismo que una lata de Pepsi.
Las vemos evolucionar, desde la silenciosa expresividad de las heroÃnas del cine mudo hasta los sofisticados rostros actuales. Hollywood siempre ha exigido un rasgo común a todas sus mujeres: la belleza.
En el peliagudo tema de las ausencias, tenemos cuerda para rato: ¿Dónde está Joan Fontaine? ¿Y Vanessa Redgrave? ¿Y Claudette Colbert? ¿Y Claudia Cardinale? ¿Y Doris Day? ¿Y Lee Remick? ¿Y Anne Bancroft? ¿Y Glenn Close? ¿Y Anette Benning? ¿Y…?
Asà que desde aquà hacemos un llamamiento al autor: queremos una secuela.
Antoine Doinel venÃa a ser el alter ego cinematográfico del director François Truffaut, uno de los padres de la Nouvelle Vague y el hombre que amaba a las mujeres, según reza el tÃtulo de una de sus cintas.
Doinel, encarnado por Jean-Pierre Leaud, fue el protagonista de una serie de pelÃculas de Truffaut, que narraron desde sus años mozos (Los 400 golpes) hasta su madurez como divorciado casquivano (El amor en fuga). Antoine et Colette es la segunda historia de la serie, un cortometraje que fue incluÃdo en la pelÃcula de episodios L’Amour à vingt ans (El amor a los veinte años), de 1962.
Antoine y Colette volvieron a encontrarse brevemente en Besos Robados y El amor en fuga (1979). Hay que decir que Marie France Pisier, la actriz que da a vida a Colette, mejoró muy mucho con el paso de los años.
Bigotillo y Espinillo son los más comprensivos con las chicas. No se fijan en el cuerpo de sus compañeras de clase, se fijan en la mente.
Bigotillo y Espinillo reciben toda clase de pullas de sus compañeros de clase, pero las chicas no los ven como dos adolescentes repulsivos, sino como los seres tiernos y sensibles que son. Por eso les invitan a su casa e incluso les permiten entrar en el vestuario con ellas. Bigotillo y Espinillo no esperaban recibir una recompensa asà porque las hormonas no entran dentro de sus prioridades. ¿O s�
Todos nos hemos devanado los sesos alguna vez para acercarnos al sexo opuesto. A veces solo hace falta una idea brillante. Una Fanta, una idea. El mágico brebaje puede hacer burbujear en nuestro cerebro las ideas más peregrinas que solo bajo su influjo nos atreveremos a poner en práctica.