Según unos y otros, Once in a life time no sólo es de las canciones cimeras del grupo estadounidense, sino que cuenta con uno de esos videoclips que pasan a la posteridad (y, al parecer, también a un museo).
Absolutamente “ochentas“, con ese primer atisbo de amor a la tecnología que rompió a finales de los setenta, el videoclip nos habla de esas situaciones en las que, alguna vez en la vida, te puedes encontrar sin saber muy bien cómo.
Una de las escenas más brillantemente tensas de la historia del cine está en El Padrino, la primera parte de la trilogía de Francis Ford Coppola sobre la mafia.
Hiroshima y Nagasaki pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial y a cómo se entendía el siglo XX hasta entonces. Seguro que has visto estas imágenes: la destrucción absoluta. Ésta fue la versión más cruel y descerebrada del ojo por ojo. Que forme parte del pasado y no del futuro.
Viendo estas imágenes, ¿no os preguntáis quién y en qué circunstancias filmó esta macabra película?
Sólo hace falta invocar el sentido común para darse cuenta de que un trailer debe transmitir el espíritu de una película. Sin embargo, muchas veces el trailer resulta mucho mejor que la película, sobre todo si ésta pretende ser trepidante y se queda en arrítmica: el trailer, con apenas un minuto, siempre será más dinámico que el filme original.
En otros casos, pensemos en Crash de David Cronenberg, un trailer debe señalar el subtexto de un filme. La película de Cronenberg era una estudio sobre la patología sexual, la obsesión por la genitalidad y el deseo de gozar del sexo más allá del propio sexo, de su frontera física.
Si el trailer consigue transmitir todo eso, es algo que sólo puede saberse dándole al play.
Dos años después de la primera exposición de videoarte en Colombia, en 1978 el Salón Atenas, organizado por el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAM), incluyó los trabajos videoartísticos: In-pulso, de Sandra Isabel Llano y Autorretrato, de Rodrigo Castaño, los cuales constituyen los primeros trabajos de videoarte colombiano exhibidos museográficamente en el país.
Dirigido por Tarsem Singh, el videoclip resulta ser el armageddon de un grupo de culto (R.E.M.), que de inmediato pasa a convertirse en la banda de pop-rock más importante del planeta.
Michael Stipe, vocalista de R.E.M. (y siempre dispuesto a abrirnos su corazón) desveló que para el videoclip de Losing my religion hizo play-back por primera vez en su vida (en sus videos anteriores ni siquiera movía los labios), y que dicho esfuerzo de falsificación le llevó al llanto.
Eragon, la película basada en la novela homónima del “niño prodigio” Christopher Paolini, llega a nuestros cines el 15 de diciembre.
La película cuenta con la participación de actores tan solventes como Jeremy Irons, John Malkovic o Robert Carlyle.
Eragon remueve por enésima vez el baúl sin fondo de la miticidad y llena la pantalla de dragones, medievalismo y conjuros. Siguiendo la estela exitosa de El señor de los anillos, la película promete ser un éxito.
Discípulo aventajado de Alfred Hichcock, Brian de Palma logró la perfección casi matemática del suspense en su memorable película Los intocables de Elliot Ness.
Kevin Costner, Robert de Niro, Sean Connery y Andy García pueblan esta cinta de talento, tensión y grandes escenas.
La más famosa, la de la escalera de la estación de trenes, muy evidentemente inspirada en El acorazado Potenkim de Sergei Eisenstein.
Nueva lección para todos aquellos, que son muchos, que se han animado a mandar sus corto de 12 segundos (del género del suspenso) al concurso del MX-5 de Mazda.
Más que interesante suena la nueva propuesta de Mel Gibson desde la dirección.
Después de asustar a propios y extraños con la primera película en arameo de todos los tiempos: La pasión, el actor internacionalmente conocido por su correrías en la saga Arma Letal presenta una película sobre la destrucción del pueblo maya: Apocalypto.
Extraordinaria fotografía y un gusto por las escenas violentas y algo ingratas, Gibson sigue su particular trayectoria ascendente como cineasta.